The Boys final de temporada y serie

Crítica de ‘The Boys’, última temporada (Prime Video)

Luego de cinco temporadas y un total de 40 episodios, The Boys, la serie de Prime Video que adapta el cómic creado por Garth Ennis y Darick Robertson llegó a su fin. Pese a que alguna vez sorprendió por su sátira incómoda, violenta y desmedida, con el tiempo dejó de ser la misma que debutó hace seis años. Lo que en sus primeras temporadas funcionaba como una crítica hacia el poder político y las corporaciones, terminó transformándose en un producto cada vez más subrayado, donde su creador, Eric Kripke, hasta, parece haber desconfiado de la inteligencia del espectador escupiendo en los diálogos las motivaciones de los personajes para que nunca quede duda de quién es el héroe y quién el villano. Esta falta de sutileza no es el único problema de esta temporada final.

El primer capítulo es prometedor. Todo comienza un año después de los eventos de la temporada anterior. Estados Unidos ahora vive bajo el control absoluto de Homelander (Antony Starr), quien gobierna a través del miedo. Mientras tanto Hughie (Jack Quaid), Frenchie (Tomer Capone) y Mother’s Milk (Laz Alonso) sobreviven encerrados en un campo de concentración para opositores hasta que Annie (Erin Moriarty), Billy Butcher (Karl Urban) y Kimiko (Karen Fukuhara) logran rescatarlos.

El inicio incluso parece insinuar el rumbo perfecto para el final de la serie, algo que se acentúa con el sacrificio de A-Train, quien aparece a último momento para rescatar a los protagonistas de las garras de Homelander. Después de haber sido responsable de la muerte de la novia de Hughie en la primera temporada, el velocista encuentra finalmente una redención al sacrificarse para salvarlo, dándole un cierre coherente y humano a uno de los personajes más interesantes de toda la serie.

Sin embargo, esa sensación de riesgo rápidamente desaparece en los episodios siguientes. Gran parte de la temporada gira alrededor del virus capaz de matar súpers y de los intentos de los protagonistas por encontrar una forma efectiva de eliminar a Homelander. El conflicto incluso involucra nuevamente a Soldier Boy, despertado por el propio Homelander en otro ejemplo de sus eternos daddy issues, buscando en él una figura paterna y, al mismo tiempo, una manera de comprobar si el virus realmente funciona. Aunque el suero logra matar a varios súpers de poca monta, el personaje de Jensen Ackles sobrevive gracias a una variante del Compuesto V que lo vuelve prácticamente inmortal, el V1.

A partir de ahí, la temporada entra en un loop constante: los personajes persiguen al V1 capítulo tras capítulo, en un show de referencias a Vought Rising, el próximo spin-off del universo. La intención de promocionarlo es tan evidente que termina exponiendo a una trama que nunca logra resultar convincente.

Al mismo tiempo que busca acomodar piezas del universo expandido, la serie no sabe qué hacer con varios de los personajes que introdujo anteriormente. Ese es el caso de los protagonistas de Gen V, quienes hacia el final de la cuarta temporada parecían destinados a ocupar un rol importante dentro del conflicto principal, pero terminan relegados a breves apariciones que apenas funcionan para justificar la conexión entre ambas series. Algo similar ocurre con Sister Sage, introducida como una mente brillante con un potencial enorme pero que termina reducida a una simple herramienta narrativa.

En tanto, Homelander profundiza cada vez más su delirio de grandeza. Convencido de haber sido visitado por un ángel con la apariencia de Madelyn Stillwell, cree que se le encomendó una misión mesiánica para salvar a la nación. Es en este punto donde brilla un siempre excelente y temible Antony Starr que, si bien no está en su faceta más intimidante como en temporadas anteriores, le alcanza para elevar la calidad de las escenas. La situación explota cuando finalmente obtiene el compuesto V1 y consolida su control absoluto sobre Estados Unidos, cambiando reglas religiosas y creyéndose completamente invencible.

En el camino, varios personajes abandonan el barco. Firecracker, eterna lamebotas de Homelander, termina atrapada entre sus propias creencias y la necesidad desesperada de aprobación. Black Noir también encuentra su final después de una absurda pelea con The Deep, en una subtrama de celos infantiles que ocupa más tiempo del que debería. Pero la despedida más dolorosa es, sin dudas, la de Frenchie, quien termina sacrificándose para salvar a su Mon cœur.

La muerte de Frenchie en la ultima temporada.

Y acá hay otro problema de la temporada. La serie perdió impacto y originalidad. Un factor importante fue el congelamiento del presupuesto (entre 11 y 12 millones de dólares por episodio) que no se ajustó ni a la inflación ni a la grandilocuencia que necesitaba una temporada final de un show tan grande como The Boys. El resultado es evidente: los personajes se mueven en espacios cerrados y reducidos, las peleas ya no son a gran escala y los poderes aparecen en pequeños momentos, algo imperdonable en una serie de superhéroes. Pero el cambio más notorio está en la violencia. Lo que antes sorprendía por su creatividad y brutalidad ahora se volvió repetitivo, con muertes que se resuelven siempre de manera similar o directamente ocurren fuera de campo. Lo mismo ocurre con el humor, siempre anclado a la índole sexual, perdió sorpresa y resulta básico.

El episodio final intenta recuperar la sensación de urgencia que la temporada perdió hace tiempo, como si recién entonces la serie recordara que estaba llegando a su final. Lamentablemente, llega demasiado tarde y el desenlace resuelve conflictos centrales de manera apresurada, sin el peso emocional que se requería. Se siente anticlimático y la solución al conflicto aparece de manera demasiado conveniente: como Homelander es inmune al virus mata-súpers, los protagonistas recurren a Kimiko para intentar replicar mediante radiación la capacidad de Soldier Boy para eliminar poderes.

|Te podría interesar: Crítica de ‘The Mandalorian and Grogu’, de Jon Favreau

Todos los caminos conducen a La Casa Blanca, lugar donde Homelander y los miembros restantes de The Seven están presentes. Mientras Hughie y Mother Milk liquidan a Oh Father el nuevo súper pastor, Annie hace lo propio con The Deep, consumando así una suerte de venganza con quien abusó de ella en el pasado. Por su parte, Butcher y Kimiko se enfrentan a Homelander. A ellos se les suma Ryan, hijo del súper, para ayudar a Butcher. 

Homelander derrotado en el último episodio de la temporada.

El enfrentamiento más esperado de toda la serie, termina siendo decepcionante. La pelea, falta de tensión y espectáculo, concluye con un Homelander derrotado, sin poderes, completamente patético y humillado ante la vista del mundo, suplicando por su vida antes de ser asesinado brutalmente por Butcher. Para un personaje tan importante dentro de la serie, su muerte carece del impacto emocional que debería haber tenido y se siente poco satisfactoria en pantalla.

Pero el cierre guarda algo más. Después de cinco temporadas construidas sobre el cinismo, la violencia y la destrucción moral de sus personajes, The Boys decide terminar de la manera más convencional posible. Con Homelander muerto y Butcher asesinado por Hughie para evitar un genocidio contra todos los supers, el resto de los protagonistas simplemente sigue adelante con sus vidas: Kimiko se muda a Francia, Mother’s Milk reconstruye su familia y Hughie y Annie esperan la llegada de un hijo. De esta manera, la serie terminó convirtiéndose en aquello que durante años criticó: una franquicia cada vez más preocupada por expandir su universo que por construir un cierre realmente memorable.

Nuestra clasificación

2.5/5 = Regular