Yiya Murano fue responsable de uno de los casos de envenenamiento más conocidos del país. Durante los años 70, asesinó a varias amigas para encubrir estafas económicas. Décadas más tarde, ya en libertad, su figura resurgió en los medios como un fenómeno mediático, transformándose en un ícono oscuro de la cultura popular. En este documental, su hijo, Martín, intenta reconstruir su verdadera historia y confrontar el relato que se instaló alrededor de su madre. Yiya Murano: Muerte a la hora del té se presenta como un documental que no solo revisa un caso policial, sino que también pone el foco en cómo ese horror fue reinterpretado y, en muchos casos, banalizado por los medios y por el propio público argentino.
La película combina entrevistas a familiares de las víctimas, investigadores del caso y al propio hijo de Murano, con recreaciones ficcionadas que toman elementos del policial negro, con una gran actuación de Gabriela Bocalandro como Yiya en las escenas ficcionadas de la vida de la asesina. Esta mezcla funciona bien desde lo formal, aportando dinamismo y una identidad estética clara que acompaña el tono oscuro de la historia.
Uno de los mayores aciertos del documental es su manejo del archivo. Desde recortes periodísticos que ayudaron a construir el mito alrededor del caso, hasta las recordadas apariciones televisivas de Murano en los años 90, el material no solo contextualiza, sino que evidencia cómo su figura fue mutando con el tiempo. El relato se vuelve atrapante desde el inicio, con un ritmo sostenido que evita que la historia pierda fuerza en ningún momento.
Pero donde realmente encuentra su punto más interesante es en el análisis del tratamiento mediático. El film expone cómo, tras su salida de la cárcel, Murano pasó de ser una criminal a una figura casi caricaturesca dentro de la televisión argentina. El humor, el morbo y la espectacularización del caso terminaron eclipsando el impacto real de sus crímenes, dejando en segundo plano a las víctimas y a sus familias.
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En ese sentido, el punto de vista del hijo resulta clave. Su testimonio funciona como un contrapunto directo al personaje mediático que se construyó alrededor de Murano. A través de su experiencia, el documental muestra las consecuencias personales de ese proceso de exposición, así como su intento por reconstruir su identidad lejos del peso de ese apellido.
También se destaca el contexto histórico que aporta la película. La situación económica de la época y las relaciones personales de Murano ayudan a comprender, sin justificar, el camino que la llevó a cometer los crímenes, desde sus deseos de ascender en la clase social hasta su amor por aparecer en los medios tras su liberación. Este enfoque suma capas al relato y evita que se reduzca únicamente a un caso policial.

El principal punto débil aparece en el manejo del tono. La película comienza con un enfoque serio y reflexivo, pero hacia la mitad incorpora momentos de humor, especialmente a partir del material televisivo. Si bien esto responde a la propia naturaleza del archivo, el cambio puede sentirse algo brusco antes de volver a un tono más solemne en el cierre.
Yiya Murano: Muerte a la hora del té es un documental sólido que logra ir más allá del morbo del caso para reflexionar sobre la relación entre crimen, medios y espectáculo. Con un gran uso de archivo, un ritmo atrapante y un enfoque crítico sobre la construcción mediática, la película invita a repensar cómo consumimos estas historias y qué lugar ocupan las víctimas dentro de ese relato. Un retrato inquietante que, más que respuestas, deja preguntas incómodas sobre nuestra propia mirada como espectadores.
Nuestra calificación de Yiya Murano: Muerte a la hora del té
3.5/5 = Buena
Disponible en Netflix

