Luego de La habitación de al lado, Pedro Almodóvar vuelve con una película donde parece confrontarse a sí mismo. Si en aquella exploraba con una desnudez fatal el duelo, la muerte y también un mundo agonizante, en Amarga Navidad el director se enfrenta directamente a su propio universo artístico. La película parece arrancar páginas de su diario íntimo para revelar cómo se alimenta su proceso creativo. Pero no se queda ahí: también se encarga de mostrarnos que el mundo del cine, de la imagen y de la performance está cambiando a una velocidad imposible, o incluso agonizando.
Almodóvar pareciera preguntarse cómo seguir filmando en un mundo acelerado por las plataformas de streaming (hay incluso un chiste sobre eso) y obsesionado con la autoficción. ¿Dónde termina la realidad y dónde empieza la ficción? ¿Es un artista un vampiro de las vidas ajenas? ¿Hasta dónde puede sostenerse el entusiasmo de crear, de transformar el dolor en una nueva ficción?
La película funciona como una mamushka narrativa donde una historia se despliega dentro de otra hasta llegar a Raúl, un director de cine interpretado por Leonardo Sbaraglia, que parece convertirse en un alter ego evidente del propio Almodóvar. Allí aparece también la asistente interpretada por Aitana Sánchez-Gijón, quien, al leer el último guion de Raúl, empieza a sospechar que la película está inspirada en su propia vida y en la de sus seres queridos.
Ese tercer acto, donde ambos personajes discuten sobre el proceso creativo, es quizás el corazón de la película. Almodóvar se ríe de sí mismo, de sus obsesiones, de sus repeticiones, de su estado melancólico y de esa nostalgia constante por un mundo donde ya no termina de encajar. La secuencia tiene algo teatral, pero es profundamente cinematográfica por la manera en que la cámara acompaña a los personajes en ese bar a las afueras, por el manejo de los tiempos y por el peso de las miradas. En una entrevista con Cadena SER, el director le comentaba a Pepa Blanes que esa era la escena que justificaba toda la película. Ahí está su entusiasmo, pero también su enfrentamiento consigo mismo: una película que vuelve otra vez al dolor, la maternidad, los vínculos, la salud mental, aunque recuperando también algo del humor desfachatado de su juventud, especialmente cuando aparece Rossy de Palma.

Pero Almodóvar sigue ahí. Sigue de pie, incluso si su pulso creador parece “murmurar”. Como dicen dos personajes dentro de la ficción de Raúl, los de Bárbara Lennie y Milena Smit, que están increíbles juntas en pantalla, mientras escuchan a Chavela Vargas cantar “La Llorona”. Ellas hablan de esa última etapa de Chavela, cuando muchos decían que ya no tenía voz y apenas murmuraba. Y, sin embargo, seguía haciendo llorar.
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Algo de eso parece decir Amarga Navidad. Aunque Almodóvar murmure, su cine todavía llega. Todavía puede sostener una escena con Amaia Romero cantando “Las cosas simples” y llevarte hasta las lágrimas. Porque el cine de Almodóvar siempre tuvo eso: la capacidad de aquietarse de golpe y volver, una y otra vez, a los lugares que más ama.
Nuestra calificación de la película Amarga Navidad
3.5/5 = Buena
Ficha técnica
- Amarga Navidad (2026)
- Dirección: Pedro Almodóvar
- Guion: Pedro Almodóvar
- Elenco: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Milena Smit, Patrick Criado, Quim Gutiérrez, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, Antonio Araque, Antonio Romero, Samuel López, entre otros.
- Fotografía: Pau Esteve
- Edición: Teresa Font
- Música: Alberto Iglesias
- Duración: 111 minutos

